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En este blog intento compartir mis letras. Ellas conjugan mi experiencia de vida, de trabajo, mis sueños y mis deseos.

Confío en que podré generar un espacio de intercambio entre Uds. y yo, que medie la distancia y nos abrace en esta relación maravillosa que se da entre escritores y lectores.

Mi nombre es Nancy Graciela Nasr, y aquí les presento mi pasión...

miércoles, 27 de julio de 2011

“Acaricia el corazón y sigue tu deseo”


“Acaricia el corazón y sigue tu deseo”
(Derechos reservados)

Ciudad de Buenos Aires, un viento frío despeinaba la cabeza de los transeúntes de esa tardecita noche  invernal. Casi todos apuraban el paso, tratando de llegar a casa luego de sus jornadas laborales.

Aprovechando el tiempo de espera que da la luz del semáforo, Juan, un carita sucia de apenas siete años, muestra sus habilidades de malabarista con pelotitas a los conductores. Luego del número artístico, él y su hermanita, recogen rápido las monedas, que a veces les extienden algunas manos anónimas.

Realizada la habilidad y la colecta, la niña volvió corriendo a la vereda, trayendo en su bolsillo tres monedas, un billete de dos pesos y en su mano un naipe que tenía un corazón dibujado y una leyenda que no entendía.

Le preguntó a su hermano Juan, que un tanto fastidiado le contestó mientras tomaba el cartón -¡ves… por eso voy al cole, dame que te leo!, diceeee “a ca ri ci a el co ra zón y si gue tu de se o”- agregando- Ja! Mi deseo? Guita!!!…- y se lo  devolvió.

La niña  lo tomó y dijo -yo me quedo con el dibujito y vos con esto…- metió la mano en el bolsillo y al sacarla entregó lo recaudado, tres monedas y un billete que misteriosamente y como por arte de magia o bruja… se transformaba ante sus ojos, en un flamante billete de cien pesos. Juan no lo podía creer, dio un salto y tomó el billete que examinó, como experto, no encontrando nada extraño en él.

La niña, que no percibía la diferencia entre uno de dos y uno de cien, tomó el naipe y lo agregó a la colección de cosas lindas que adornaban su sombrero, enganchándolo en la cinta y lo calzó  en su cabeza. Luego se sentó en un portal,  mirando a su hermano, a la espera que este decidiera a hacer el número artístico. Juan se acercó con ligereza, tomó la mano de su hermana y le dijo - ¡vamos Rita!, ya no lo necesitamos, vamos pa’ casa-.

La niña,  sujetando el gorro a su cabeza para que no se volara, más que caminar flameaba de la mano de su hermano, que corría de alegría, haciendo que el misterioso naipe se desprendiera por el viento.

Dio varias vueltas extrañas por el aire, quedándose trabado entre las ramas del ombú de la plaza San Martín. La próxima ráfaga de viento lo desprendió y lo llevó a caer a los pies de un pobre vendedor de pochocho que retornaba entristecido a casa, con su carga intacta, sin haber vendido ni un solo paquete debido al mal tiempo imperante. Detuvo su carro y se agachó a levantarlo, leyendo luego la misteriosa inscripción “acaricia el corazón y sigue tu deseo”, instintivamente tocó el corazón y continúo el pasó pensando -si solo hubiera vendido, aunque sea la mitad…-, de pronto un joven apurado lo llevo por delante y disculpándose apenas le dijo -a Ud., me lo trae Dios!!!, mire…, soy del micro cine, se nos acabaron los pochochos… le compro su carga por trescientos pesos…, sabe, es que por las vacaciones de invierno y el mal tiempo, con los niños no dimos abasto…-

El pochoclero, no pudiendo salir del asombro, le vendió su carga y atinó a guardar el dinero, casi el doble de lo que esperaba, sin advertir que cuando lo hacía, el naipe caía al suelo.
Por esa misma vereda una pareja de bailarines de tango, pasaba corriendo, pisando sin darse cuenta el naipe, el que se adhirió al zapato de la muchacha.

Cruzaron la calle y entraron en un barcito despoblado. Tomaron asiento y pidieron un café, decididos a compadecerse de su mala suerte. Había cerrado el lugar donde bailaban. Sara agachó su cabeza al ver el cartón que estaba adherido al zapato, lo tomó y lo leyó “acaricia el corazón y sigue tu deseo”, - solo puedo pensar en conseguir trabajo… Justo hoy estoy para corazones!!! - pensó. Y puso el naipe en la mesa.
Pocos segundos después el lugar rebosaba de turistas. El micro que los transportaba había averiado su neumático y tuvieron que descender allí.

El dueño del bar no dando abasto con los mozos a servir a tanta gente, se acercó a la pareja, invitándolos a realizar una actuación, la cual sería remunerada a la gorra por los visitantes. Sara y Manuel aceptaron gustosos, tenían con ellos todo lo necesario para la función.

Cosechando aplausos y billetes por su arte, fueron contratados por el dueño para trabajar permanentemente.
Mientras bailaban un niño con acento francés había tomado el naipe y lo guardó en su bolsillo. Después  de la función y arreglada la avería, se dirigió junto con los demás turistas, al micro, rumbo al aeropuerto.
El avión partió hacia Europa con el mágico cargamento…, solo espero que, si alguien lo encuentra, sepa  apreciar su corazón.

Fin

…y Jean Pierre entregó el naipe a su padre. Mientras este leía, el niño preguntó - ¿veremos a mamá?- Y su padre sonrió acariciando el corazón…


Nancy Nasr
27-07-11
www.versosymasversos.blogspot.com


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