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En este blog intento compartir mis letras. Ellas conjugan mi experiencia de vida, de trabajo, mis sueños y mis deseos.

Confío en que podré generar un espacio de intercambio entre Uds. y yo, que medie la distancia y nos abrace en esta relación maravillosa que se da entre escritores y lectores.

Mi nombre es Nancy Graciela Nasr, y aquí les presento mi pasión...

sábado, 21 de mayo de 2011

Rotundo Contundente e Implacable.

Todos esperábamos un día espléndido de verano en la costa del Atlántico. Los meses de Diciembre y Enero en el cono sur mostraron toda su furia ardiente.
Debería el sol traspasar las copas de los árboles generando conos de luz por donde ascienden hojas secas mariposas y otros insectos.
La atmósfera caliente que hace alivianarse de ropa, y que te invita a nadar en el océano brindando sensación de alivio, hoy no está.
Hasta ahora el verano ha mostrado que puede ser rotundo, contundente, implacable hasta matar. 
Pero que también a decisión del majestuoso, o quién comanda las fuerzas de la naturaleza, puede ser inverso a lo esperado. 
Podría usar los mismos calificativos, rotundo contundente e implacable hasta matar, pero quitando la palabra verano y remplazándola por invierno, daría igual, sería lo mismo...
La furia del viento arremolina los árboles, sus copas se sacuden como resistiendo lo que irremediablemente va a suceder. El tronco de los más débiles se flexiona como junco al vendaval, casi besando la tierra, implorando que se detenga. 
Pronto el cielo se cubre de nubes oscuras tan oscuras que encienden las luces del alumbrado público. Jinetes de gas avanzan por el cielo dispuestos a mostrar todo su poder. 
Gotas trémulas abren el tiroteo contra casas, techos, árboles y algunos transeúntes que tomó desprevenidos. El cielo parece un acorazado plomizo que marcha hacia las costas enemigas.
Rotundos ruidos ensordecedores quiebran el acompasado tintinear de las primeras gotas transformándolas en agua mala, que daña y lastima todo lo que toca, que arrasa todo el verde que trata de sobrevivir al vendaval y el aguacero. Todo puede estar peor… Rápidamente un ruido ensordecedor hace crepitar los vidrios y los corazones. Comienza el granizo a desplegar su orquesta desafinada sobre toda superficie viviente o inerte. Pronto las pequeñas pecas blancas se transforman en grandes esferas de hielo que rompen el follaje de los árboles hiriéndolos con intenciones non santas, pero su resistencia y fuerza de sobrevivencia puede más. Solo a las pequeñas hierbas tomó desprevenidas y mortalmente las dejó tendidas en el zanjón que produjo el aguacero. Dónde estarán los pájaros pensaba… resistirán sus nidos tanta bravura?. 
Todo dura varios minutos pero por su descaro y rebeldía parece como si el reloj se hubiese detenido. Paso a paso el viento pierde su fiereza, trasmutando en una brisa fría que baja la temperatura al pasar por los montículos de hielo. Los nubarrones marchan decididos hacia el océano, buscando azotar a otros barcos y desprevenidos pescadores de costas remotas.
Increíblemente el sol asoma tímido como sino conociera el lugar donde solía brillar, los pájaros vuelan sacudiendo su plumaje humedecido a pesar de su escondite. 
La arena trata de absorber el agua caída, que en un principio, fue manto protector. Luego, ya sin sed, deja que surcos arrasadores den muestra de la ferocidad del episodio y evidencien en sus venas a cielo abierto, las grietas que se abren a su paso, para desembocar en la calle. 
Lo que en pocos minutos se transformó en terrible y desolador, recobra su candor en el mismo espacio de tiempo. Momentos nada más toma al capitán del altísimo, acomodar todo lo que quizás traviesos ángeles, o no tanto, osaron desordenar, como si solo con agitar su dedo majestuoso bastara para volver todo al inicio.
Cada cosa de este verano rotundo, contundente e implacable vuelve a tomar su lugar aparentando que nada ha pasado. El sol vuelve a brillar entre la copa de los árboles que tímidos sacuden su humedad ante la brisa del verano formando una rara imagen de lluvia soleada. Los benteveos y las cotorras alborotan la tarde con sus trinos. Paulatinamente los visitantes de la playa vuelven a ocupar sus puestos y actividades acostumbrados, los vendedores ambulantes vociferan sus parlamentos exacerbando su originalidad.
La tormenta solo nos dejó algunas huellas de su furiosa rebeldía adolescente, ese no querer que todo sea decididamente rutinario.

(Derechos reservados)
Nancy Nasr
8-1-11

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