El Único
[éste cuento fue seleccionado para su publicación en el Libro "Letras del Face 7" de Editorial Dunken]
El
cielo se iluminó por un momento, transformando la noche en día, los pocos
habitantes que para esas horas se encontraban despiertos no pudieron dar cuenta
detallada de lo que había sucedido. Aturdidos y casi cegados, no reaccionaron…
A
la mañana siguiente casi todo era como antes, sólo casi todo… Algo inundaba el
lugar sin ser visto todavía. Un murmullo sostenido ensordecía, no por intenso, sino más bien por
permanente, anidando en las mentes. Fue ganando el espacio como un regimiento
de hormigas, que avanza en una noche sobre los cultivos depredándolos, sin
aviso; así fue penetrando el hábitat, invadiendo la cotidianidad de los
habitantes del lugar.
Se
instaló como un ruido superpuesto a los ruidos naturales del día, de la noche,
camuflado en el bullicio general de la vida pero arropando la muerte en las
mentes humanas.
En
pocos días comenzaron a correr noticias de suicidios sorpresivos: “aceleró sin
control hasta estrellar su auto en el comercio”, “corrió por la azotea y se
arrojo al vacío”, “cayó desde el edificio
en el cual limpiaba los vidrios”, “varios niños se arrojaron a las vías
del ferrocarril.” Éstos y otros tantos titulares similares abundaban las
páginas de los diarios y los canales de noticias…
Nadie
pudo ligar los hechos, salvo don Simón,
pastor del campo donde cayó el objeto, que comenzó a notar un cambio en la
conducta inteligente en sus animales. Ya
no era necesario conducirlos a los campos de pastos verdes ni a la fuente de
agua, solos se conducían. El número de caballos se amplió, la tropilla contaba con
los de cría y los salvajes. Las cabras y las ovejas ya no se reunían en cada
hacienda, solo había una gran manada. Intentó avisar a los patrones pero
mientras se dirigía a la casa grande la tropilla cambió sorpresivamente el rumbo
y lo atropelló, provocándole la muerte instantáneamente.
Mientras
tanto yo sigo aquí en esta cueva,
escondido durante el día y saliendo por las noches para obtener mi alimento y
leña, creo ser el último humano de la tierra. A la nueva especie nunca la vi
solo cuando salgo en las noches veo un fluido gelatinoso, verde brillante que
invade los senderos. Creo que lo único que me salvó del suicidio fue mi sordera,
no se cuanto podré resistir esta soledad interminable, eterna y definitiva. Soy
el último y el único. La ausencia de los otros, quita fundamento a mi vida. La
idea de muerte ronda mi cabeza… pero no sus ruidos.