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En este blog intento compartir mis letras. Ellas conjugan mi experiencia de vida, de trabajo, mis sueños y mis deseos.

Confío en que podré generar un espacio de intercambio entre Uds. y yo, que medie la distancia y nos abrace en esta relación maravillosa que se da entre escritores y lectores.

Mi nombre es Nancy Graciela Nasr, y aquí les presento mi pasión...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Decisión Tomada

Decisión Tomada
(Derechos reservados)

Recordó como el agua mojaba su rostro mientras caminaba disfrazada con harapos por ese mismo camino, hace poco más de cinco años atrás. La vida no había sido muy benévola durante todo este tiempo, pero cualquier cosa era mejor que cumplir con aquel mandato.
El principio fue duro pero luego pudo encontrar refugio en aquella casa y con esabuena mujer que la adoptó y la ayudó para concretar sus estudios de enfermería.
La decisión estuvo marcada cuando su padre, el jefe de la comunidad amish, aceptó casarla con un hombre de la aldea veinte años mayor, quien le había confesado su amor por su hija.
Siempre fue una joven con cualidades especiales, distintas de las esperables para una chica de su comunidad. Criterio, carácter, pensamiento de avanzada, proyectos de ser alguien por sí misma, eran sesgos  que distaban mucho de ser sumisa y obediente para satisfacer al hombre aquel, que  le había designado como esposo.
Ese día, viernes por la mañana su padre la llamó para contarle su decisión de casamiento, la cual se concretaría el domingo siguiente.
El traje de novia de su madre estaba sobre la mesa y la sentencia fijada. Al escuchar esas palabras fue como si todas las palomas se fueran a su estomago y la fuerza de su espíritu se anudara en su garganta.
Mil y un pensamientos, ilusiones y proyectos fueron estallando uno a uno, en una fugaz evaluación de su futuro. No emitió palabra. Giró sobre sus pasos y se dirigió a su cuarto con el vestido en sus manos, apenas entró corrió hasta el cuarto de baño y tiró el traje de novia en la tina. Se arrojó sobre la cama y lloró hasta secar sus ojos, tanto que le ardía su rostro, como si fuera a quebrarse. De pronto un pensamiento cruzó por su mente. Se trepó a una silla tironeó hasta descolgar la tela de las cortinas que oscurecían el cuarto y comenzó a rasgarla. Habían pasado no sabe cuantas horas pero ya afuera estaba oscuro. Los relámpagos encendieron el cielo y le mostraron el camino. Ató los harapos de cortina a su cuerpo como si fuera un hábito rotoso  y lo ensucio con la ceniza.  Un  tronco tiznado de la estufa sirvió para oscurecer su rostro, usó  un viejo sombrero y un almohadón a modo de joroba.
Ya la noche estaba decretada y la tormenta había ganado en ruidos a los grillos y buos, los relámpagos anticipaban los truenos que acompañaron sus pasos en aquella decisión de marchar y buscar su destino.
Avisada por su hermana, la única con la que había mantenido contacto, del accidente de su padre, decidió regresar . Lo encontró inmóvil con la mirada hacia el techo y su rostro hacia el lado izquierdo producto de un accidente cerebro vascular, solo lo miró lo abrazó y se dispuso a cuidarlo, con el amor de hija y el saber de una enfermera, hasta que  dios disponga su partida.


Nancy Nasr
19-11-11

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